viernes, 13 de febrero de 2026
Inmigrar a Brasil siendo cubano: desafíos que transforman el alma (Parte II)
Migrar no es solo cambiar de país.
Es cambiar de ritmo, de códigos, de silencios… y, muchas veces, de identidad.
En la primera parte hablamos de los retos prácticos: idioma, trámites, trabajo, adaptación cultural.
Pero hoy quiero hablar de lo que casi nadie ve: los desafíos emocionales de un cubano que empieza de nuevo en Brasil.
La saudade que no sabíamos que existía
En Cuba se extraña con intensidad, pero en Brasil aprendemos una palabra que parece hecha a nuestra medida: saudade.
Saudade del café compartido en la esquina.
Saudade de la familia que quedó atrás.
Saudade de la forma de hablar, del humor, del “asere” espontáneo que aquí pocos entienden.
Brasil nos recibe con alegría, pero la nostalgia viaja con nosotros.
Y aprender a vivir con esa dualidad —agradecimiento y tristeza al mismo tiempo— es uno de los mayores desafíos emocionales del migrante cubano.
Sonreír aunque por dentro duela
El cubano tiene algo admirable: resiliencia.
Estamos acostumbrados a resolver, a inventar, a seguir adelante incluso cuando el panorama no es fácil.
Pero en Brasil el cansancio emocional aparece de otra manera.
Validar títulos puede ser complejo.
Conseguir el primer empleo puede tardar.
Entender el portugués brasileño puede frustrar más de lo que imaginamos.
Y aun así, seguimos sonriendo.
Porque migrar es una apuesta.
Y nadie apuesta si no cree que puede ganar.
El choque cultural silencioso
Brasil es cálido, sí.
Pero no es Cuba.
Aquí las dinámicas sociales son distintas.
Las distancias familiares se viven diferente.
El sistema funciona con otras reglas.
El cubano que migra tiene que aprender cuándo hablar, cuándo callar, cómo negociar, cómo adaptarse sin perder su esencia.
Ese equilibrio no se logra en meses.
Es un proceso.
La transformación interior
Pero no todo es dificultad.
Migrar a Brasil también fortalece.
Nos hace más conscientes, más estratégicos, más disciplinados.
Aprendemos a planificar, a pensar en el largo plazo, a construir estabilidad paso a paso.
Muchos cubanos que llegan con miedo, años después se convierten en personas más seguras, con patrimonio, con proyectos, con una nueva visión del futuro.
La migración duele… pero también transforma.
No dejamos de ser cubanos
Algo importante: adaptarse no significa olvidar.
Seguimos siendo cubanos.
Seguimos hablando alto cuando nos emocionamos.
Seguimos defendiendo a la familia como prioridad absoluta.
Seguimos soñando grande, aunque estemos lejos.
Brasil no nos borra.
Nos amplía.
Reflexión final
Inmigrar a Brasil siendo cubano no es un camino lineal.
Es una montaña rusa de emociones: esperanza, miedo, orgullo, nostalgia, crecimiento.
Pero si algo nos caracteriza es que sabemos resistir.
Y cada desafío superado se convierte en una prueba silenciosa de que valió la pena intentarlo.
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